Historias de Manzanares

EL ALTO DEL CRIMEN

 

En la época en que ocurrió este hecho inolvidable ya hace mas de 50 años, la vereda donde sucedió el acontecimiento se llamaba la vereda de Romeral; con el transcurrir del tiempo su nombre fue cambiando por los vecinos por el de alto del crimen.

Allí vivía un matrimonio que tenía una hija, ya un poco crecida y bonita. El hombre, jefe del hogar llamado Arcesio Yepes, la mujer de nombre Agripina Morantes y la hija, Clemencia. El jefe de hogar trabajaba en las fincas vecinas como jornalero y salía al pueblo el sábado y regresaba el domingo con un caballo cargado con el mercado para la semana.

Como para administrar la finca y trabajar en otras a Arcesio le quedaba difícil por lo agotadora ya que se tenía que administrar el café, desde la siembra hasta llevarlo al mercado, el ganado vacuno, caballar y ovino, consiguió a unos trabajadores que le ayudaran, de nombres Amanìas Montoya, Claudio González  y Rudecindo Acosta.

Los hombres le daban el rendimiento que Arcesio esperaba y vivía muy satisfecho con su labor.

Los trabajadores eran muy respetuosos con las dos mujeres, nunca había dudas en sus comportamientos.

Pero cualquier día la esposa de Arcesio, Agripina Morantes, empezó a hacerle ojitos a Rudecindo Acosta y a darle un trato preferencial en las comidas y en otra serie de consideraciones que no tenía con los demás; le echaba los perros, como se dice hoy.

El esposo de Agripina no notaba nada extraño entre ninguno de los trabajadores, la hija y la esposa. Transcurrido un tiempo, la señora se fue enamorando, más y más, de Rudecindo y los coqueteos de ambos se hacían más notorios y empezaron a presentarse comentarios entre los demás jornaleros. El tiempo fue pasando y el romance avanzando, hasta el momento en que Arcesio empezó a notar algo raro en el comportamiento de la señora con él y cierta simpatía con Rudecindo.

Las relaciones amorosas fueron creciendo hasta el punto que aprovechaban las ausencias de Arcesio para tener relaciones íntimas, sin que este maliciara algo.

Arcesio ignoraba todo lo que pasaba en la casa. La infidelidad de esta mala mujer contaba con la complicidad de su hija Clemencia, quien le ayudaba a ocultarle lo que ocurría a su señor padre y le llevaba razones al uno del otro.

Cuando el señor de la casa veía estrenar vestidos, zapatos y fantasías a su mujer y a su hija, les preguntaba de a donde habían sacado esas nuevas cosas que él no les había dado, ellas le respondían que era un cacharrero que con frecuencia pasaba por la casa vendiendo mercancía a crédito y ellas lo aprovechaban para cancelarle la cuenta con los huevos que ponían las gallinas o con trabajos de lavado, remendada y planchada de ropa de las vecinas, de esa manera engañaban a la inocente e ingenua víctima.

El esposo empezó a dudar de su mujer y atar cabos y se propuso ponerles cuidado para ver si los lograba sorprender. El par de mujeres se dieron cuenta que estaban siendo seguidas por el traicionado campesino.

Ellas al enterarse que Arcesio estaba dudando de su comportamiento, fueron planeando la forma de deshacerse del padre y esposo, para poder continuar con los ilícitos amoríos y pensaron que la única forma era dándole muerte al inocente campesino, que tanto confiaba en el amor de su esposa e hija y por la que tanto se sacrificaba.

El par de mujeres siguieron el plan siniestro de matar al inocente y sano campesino. Comenzaron a leer libros sobre crímenes famosos, hasta que encontraron la más fácil y segura manera de darle muerte al hombre, sin que la gente y las autoridades se enteraran; creyeron que cometiendo semejante crimen los vecinos y las autoridades iban a pasar ese hecho desapercibido y que iban a poder llevar una nueva vida tranquila. Todo fue planeado un fin de semana cuando Arcesio estaba en el pueblo comprando el acostumbrado  mercado.

Cuando ya todo estaba arreglado, llegó el humilde campesino a la casa con su mercado y con el ánimo de sentarse a descansar del viaje. Descargò la mula y entrò a la cocina los bultos con el mercado o bastimento que llaman los hombres del campo.

Cuando más tranquilo estaba, esperando a que su mujer o su hija le llevaran que tomar para la sed, producto de la larga y agotadora jornada que acababa de realizar; aprovecharon que cerró los ojos y se quedò dormido y le pusieron un costal en la cabeza, lo amarraron para que no pudiera hacer ningún movimiento en su defensa. Una vez fue sacado de la casa hacia el patio trasero y con unas tijeras y el cuchillo cocinero le dieron la más atroz y cruel descuartizada. Ya al cuerpo sin vida trataron de darle sepultura en el mismo patio donde lo habían asesinado.

El propósito de sepultarlo, no lo pudieron efectuar porque lo vecinos se dieron cuenta y llamaron a las autoridades quienes se trasladaron para hacer el levantamiento del cadáver y trasladar capturadas a las dos asesinas y el cuerpo para la necropsia legal. Las mujeres desaparecieron, lo mismo que Rudecindo Acosta, quien era cómplice del atroz crimen;  en los primeros años los vecinos no pasaban por ese sitio, ni persona alguna que fuera para una de las fincas cercanas.

Fueron muchos los vecinos que por prejuicios vendieron sus parcelas y se trasladaron para otras veredas a vivir.

A las mujeres y al hombre los capturaron poco tiempo después en un pueblo retirado de donde ocurrió el hecho y pagaron en la cárcel del pueblo los largos y merecidos años de condena, que determinò el juez.

Al principio los vecinos levantaron el ese sitio una cruz y todo el que pasaba por allí tenía que dejar una piedra alrededor de ella y rezar un padrenuestro, porque de lo contrario, creían, que el alma del difunto salía persiguiéndolos. A toda persona le daba miedo parar por ese sitio, sobre toda sola. El tiempo pasò y la gente se acostumbrò, y perdió el miedo de transitar  por el lugar al que le dieron el nombre del Alto del Crimen. Las productivas tierras  recobraron sus precios normales.

                                        Por eso esta parte de la vereda  la llaman, de generación en generación, el Alto del Crimen. No existe crimen perfecto, dicen los más caracterizados investigadores.

 

Algunos de los nombre fueron cambiados en esta historia que se encuentra en el libro Cuentos de un manzanareño de Fabio Ramìrez Ramìrez.

 

Foto accidente ocurrido hace tres años cerca del sitio (debido al invierno la carretera estaba en muy mal estado un camionero tratando de pasar el vehìculo rodò al abismo  con uno de los habitantes de la vereda que le ayudaba, los dos perdoeron la vida).accidenteromeral (5)